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A propósito de las “glorias del Ejército”, la visión de Gabriel Salazar, premio nacional de historia

Reproducimos parte de una  entrevista al historiador de la Revista Punto Final #694

Un ejército masacrador

Nos acercamos al Bicentenario y el ministro de Defensa dice que la parada militar de este año dará inició a las celebraciones. ¿Tiene relación el orden portaliano con el discurso que alaba “la tradición democrática de nuestras fuerzas armadas”?
“El Estado portaliano de los mercaderes fue siempre sustentado por una minoría. Si hubiese habido elecciones libres, las habrían perdido todas. Portales se dio cuenta que no podría gobernar si el régimen era democrático. Necesitaba un ejército, y como no lo tenía -porque el ejército de entonces era liberal-, armó uno mercenario, que fue el que triunfó en Lircay. 
Hay que contar la historia del ejército tal como es. Desde que asesinaron a Manuel Rodríguez, en 1818, hasta 1973, el ejército intervino violentamente masacrando en veintitrés oportunidades. En Latinoamérica es un caso único. No existe otro país donde el ejército haya violentado a su propio pueblo en veintitrés ocasiones. Todas sus intervenciones fueron siempre en la misma dirección: para proteger el Estado mercantil, para proteger las distintas versiones del Estado portaliano y reprimir a sus opositores. Ese ejército le ha servido para reprimir a los rotos y para ganar unas provincias a Perú y Bolivia. Antes, Estado e Iglesia estaban unidos, hoy la verdadera relación es entre Estado y ejército. Es el ejército el que ha permitido dictar las Constituciones de 1833, 1925 y 1980. El ejército es el verdadero dueño del Estado. 
Debería hacerse un juicio al ejército, pero sólo están juzgando a unos cuantos milicos sueltos. Debería ser un juicio ciudadano a un ejército que ha masacrado a su pueblo a través de la historia. Decir que el Bicentenario parte con las ‘glorias del ejército’ es simplemente reforzar el mito de quienes han sido unos verdaderos criminales”. 
Las Fiestas Patrias siempre han tenido un carácter patriotero. ¿Existe tal chilenismo, o es impuesto y utilizado por la oligarquía?
“Esa es la paradoja: en Chile se celebra el 18 de septiembre, se hacen las ramadas para celebrar al roto chileno, que se supone es el que baila cueca y se emborracha. Y el día 19 se celebra al ejército, que la historia demuestra ha masacrado a los rotos chilenos durante dos siglos. Lo encuentro increíble. Lo que pasa es que como el Estado se la juega por el libre mercado y está comprometido con el mercado mundial, pero no con el pueblo, necesita crear mitos nacionales para legitimarse. Ha tomado la cultura popular y la ha convertido en mito nacional. La nación es un mito más. La nación no existe, lo que existe son los grupos sociales concretos y ahí las masas populares son mayoría; los demás son minorías. Dejémonos de cuentos”.

 

La Izquierda institucional

¿Y qué pasa con la Izquierda, qué papel juega en esta historia?
“Cuando se construyó el Estado el movimiento social fue excluido, y como no fue el Estado que quería el pueblo, se inicia la protesta. Algunos de estos movimientos se convierten en partidos políticos. Al principio los liberales pelearon desde la calle, pero cuando presentaron candidatos se metieron dentro del Estado y se volvieron oligarquía liberal. Después los radicales hicieron lo mismo. Cada rebelión popular ha producido un partido, que con el tiempo se incorpora al Estado, se oligarquiza y queda todo igual. Jamás se reforma el Estado. Después el Partido Socialista y el Partido Comunista entraron al Estado que Alessandri creó contra el pueblo en 1925. Intentan hacer la revolución desde el interior de un Estado contrario a la revolución. Por eso Allende finalmente termina suicidándose, se había metido en una jaula enemiga de los cambios.
¿Qué vemos hoy? El PS está en la oligarquía y es neoliberal; el PPD es neoliberal y el PC, que estaba afuera, quiere meterse adentro también. Están todos dentro del Estado. Yo creo que no hay Izquierda. La que podría ser, la extraparlamentaria, está jugando a las elecciones. ¡Jugando a tener presidente y parlamentarios en el Estado ilegítimo que construyó Pinochet! La tarea es construir otra Izquierda, pero no dentro del Estado sino fuera de él. Y con el pueblo como soberano. De una vez por todas hay que cortar el hilo reproductor del Estado portaliano”.

ALEJANDRO LAVQUEN 

(Publicado en  PF Nº 694, del 17 de septiembre al 1º de octubre de 2009. Suscríbase a PF.
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Artículo Radio Bio Bio.

http://www.biobiochile.cl/noticias/2014/09/19/verguenzas-del-ejercito-las-crueles-matanzas-que-manchan-la-historia-militar-chilena.shtml

Vergüenzas del Ejército: Las crueles matanzas que manchan la historia militar chilena

Desde 1915, cada 19 de septiembre los chilenos son espectadores del tradicional desfile de las Fuerzas Armadas y del Orden, en una fiesta que rinde homenaje a los militares caídos, batallas heroicas y al rol fundacional del Ejército en la identidad nacional. Pero la historia se dibuja con luces y sombras; sombras que -para varios historiadores- se quedan en el olvido.

El propio Ejército define su razón de ser: preservar la paz, garantizar la soberanía nacional, mantener la integridad territorial y proteger a la población, instituciones y recursos vitales del país, frente a cualquier amenaza o agresión externa. Y ello lo debe hacer con obediencia al Poder Ejecutivo, no deliberante, según establece nuestra Constitución Política.

Sin embargo, la emancipación de la corona española, la defensa del territorio, las grandes batallas y héroes que memorizan los niños en la escuela, tienen matices y episodios “vergonzosos” -en palabras del historiador Gabriel Salazar- donde los intereses políticos y particulares motivaron matanzas en el seno del propio pueblo chileno.

Batalla de Lircay

De acuerdo a la historia oficial, el 17 de abril de 1830 un enfrentamiento en la ribera del río Lircay dio fin a la guerra civil que selló el triunfo de las fuerzas conservadoras de Diego Portales por sobre los liberales. Las bases de la República de Chile, con un estado autoritario, se cimentaron con más de 200 muertos a su haber.

Para Salazar, se trataba de “un ejército mercenario improvisado por el patriciado mercantil santiaguino”, que derrotó y descuartizó a hachazos al “ejército ciudadano que había ganado la guerra de la Independencia”.

“Pacificación” de La Araucanía

Desde 1860, los intereses económicos, militares y políticos obligaban al Estado chileno a dominar definitivamente los territorios mapuche, que mantenían su independencia, defendida por más de tres siglos, por medio de la fuerza y por sucesivos tratados.

Es “una de las páginas más negras de la historia de Chile”, en palabras del historiador y antropólogo José Bengoa. El ejército chileno usó los métodos más bárbaros de la guerra: mataron mujeres y niños, quemaron sus casas y robaron miles de cabezas de ganado. En 1869, los diarios de la época ya hablaban de una “guerra de exterminio”.

Si bien sólo se quedaron como testigos los adornados partes militares, se calculan en varios miles los mapuche masacrados y muchos más murieron como consecuencia del exterminio, desplazados, empobrecidos y hambrientos, según relata Bengoa en sus libros.

Masacres obreras a inicios del siglo XX

En aquella época, el joven movimiento obrero crecía, sus acciones eran cada vez más masivas y por consiguiente, la represión era aún más dura. Así quedó demostrado con “la huelga de la carne” en 1905, cuando trabajadores y consumidores salieron a las calles de Santiago a reclamar por el encarecimiento. La respuesta militar dejó cerca de 250 muertos.

Dos años antes, una huelga de portuarios en Valparaíso terminó con 50 muertos; luego, en 1906, las fuerzas armadas frenaron una huelga en ferrocarriles de Antofagasta, matando a trabajadores en una cifra que oscila entre los 50 y 300, según distintas versiones.

Matanza en la Escuela Santa María de Iquique

Las versiones más moderadas hablan de unos 2.200 muertos. Otros aseguran que las víctimas superaron las 3.600. Todos coinciden en que fue la más cruel matanza de trabajadores en la historia de Chile, a manos de ejército.

Miles de trabajadores del salitre y sus familias marcharon a Iquique en diciembre de 1907 exigiendo al gobierno apoyar sus urgentes demandas. Cuando la huelga ya superaba los 20 mil paralizados, el gobierno ordenó al ejército desalojar a los manifestantes que se instalaron en la Escuela Domingo Santa María y ante su negativa, comenzó la masacre. Hombres, mujeres y niños fueron acribillados en las salas, pasillos y en el exterior del establecimiento.

De Tarapacá a Puerto Montt: el reguero de sangre continuó

Los siguientes decenios siguen siendo testigos de violencia militar. Entre 1921 y 1925, cientos de obreros fueron asesinados en oficinas salitreras de Antofagasta, en episodios conocidos comoSan GregorioMarusia y La Coruña. Una época en que el oro blanco ya entraba en crisis, la cesantía comenzaba a golpear y los trabajadores aún exigían terminar con las fichas y recibir su pago en dinero.

Más al sur y en 1934, entre 100 y 200 campesinos, trabajadores y mapuche murieron cuando marchaban armados a Temuco, en lo que se llamó la “Masacre de Ránquil”. También se recuerda la muerte de 10 pobladores en Puerto Montt -una niña de 9 meses entre ellos-, en marzo de 1969, cuando el gobierno ordenó a Carabineros el desalojo de una toma de terrenos en el sectorPampa Irigoin.

Golpe de Estado y crímenes de lesa humanidad

 “Como consecuencia de la crisis política, social y económica a la que había llegado el país, las Fuerzas Armadas y de Orden asumieron el poder de la Nación el 11 de septiembre de 1973″. Esa es la reseña que el Ejército presenta en su sitio web, sobre el Golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende y dio inicio a una dictadura cívico-militar de 17 años.

La legitimidad del quiebre de la institucionalidad democrática aún divide a los chilenos. Pero lo que cada día suma condenas transversales son las violaciones a los derechos humanos, consideradas absolutamente injustificables y “atroces” por nuevas generaciones de sectores antes aliados al régimen, como la UDI.

En cifras, cerca de 35 mil personas fueron víctimas de violaciones a sus derechos fundamentales. De ellas, 28 mil fueron torturadas, 2.279 ejecutados y 1.248 permanecen en situación de detenidos desaparecidos.

 

 

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