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Abstención electoral y el rechazo a elegir: mucho más que un simple desinterés

Elciudadano…..

La ausencia de participación ciudadana en las últimas elecciones municipales ha sido apuntada como el reflejo del individualismo y el desinterés de la mayoría por el futuro de su país. Sin embargo, el rechazo de cerca de 10 millones de personas a elegir tiene un trasfondo de múltiples factores, cuya responsabilidad central apunta a la clase política.

Aunque a priori todos parecían preparados para el escenario, el 65,1% de abstención en las pasadas elecciones municipales marcó un récord sin precedentes y le quitó el protagonismo a cualquier derrota o triunfo del duopolio y los independientes tras la jornada.

La decisión de no participar fue predominante en la ciudadanía y los hechos evidencian que apenas 4,5 millones de chilenos -de un total de 14 millones habilitados para sufragar- acudió a las urnas a manifestar sus preferencias.

Desde la televisión, los medios y la clase política en su conjunto comunicaron con cierto desdén y enfática crítica la decisión colectiva de los chilenos y chilenas. “Levántese, que no le de lo mismo, vaya a votar” y otras frases paternalistas fueron dirigidas a una audiencia aparentemente indolente a la realidad política que transcurre en su país, una mayoría silenciosa a la incluso algunos responsabilizaron de tener a “los políticos que se merecen”.

Sin embargo, los dolidos análisis de periodistas y políticos vuelven a posicionar a las y los ciudadanos como los villanos y victimarios de un escenario en profunda decadencia. Nuevamente, parecieran ser aquellos que no participaron de “la fiesta de la democracia” los responsables de la crisis de representividad y de la ausencia de proyecto político que convulsiona a este país. ¿Son los casi 10 millones de chilenos que no asistieron a votar los verdaderos villanos de la democracia? Tres cientistas políticos opinan.

 

¿UNA CIUDADANÍA FLOJA Y DESINTERESADA?

Los resultados de la pasada elección dejan en evidencia la profunda distancia entre la sociedad civil y los partidos políticos. Esto viene agudizándose en el último tiempo y la alta abstención es un reflejo, señala el cientista político e historiador Max Quitral, de que en Chile impera “un diseño político e institucional que está trabajado para que la gente no participe, no se informe y no se eduque”.

Quitral asegura que la calidad de la democracia chilena está en “la UTI y la obligatoriedad del voto no resolverá la apatía que hoy se observa en Chile. Adoptar esa decisión es delegar la responsabilidad en la sociedad civil cuando en realidad son los partidos quienes deben hacer un mea culpa. Ellos son los responsables de que hoy la gente se desentienda de la política”.

La postura es complementada por la mirada de la cientista política de la Universidad de Valparaíso, Javiera Arce: “El poder toma posiciones muy cómodas, diciendo que la gente es floja o desinteresada, eso es subestimar demasiado a los electores. Por una parte es posible que los ciudadanos estén enojados y tengan un encono importante respecto de lo que está pasando y tal vez un desinterés, pero lo otro es la oferta política”.

En un escenario de vínculos transversales entre la clase empresarial y política, pareciera volverse concreta una idea de desprotección total y escepticismo de parte de las y los ciudadanos. “La gente siente que van a seguir enriqueciéndose y tomando decisiones a espaldas de la ciudadanía“, agrega.

Para el analista Kenneth Bunker, la alta abstención no puede excusarse en el desinterés de las personas. “Claramente hay un problema a nivel de sistema”, explica, agregando que la desvinculación de la ciudadanía y la clase política se viene evidenciando desde el retorno a la democracia y sólo se vuelve más evidente a raíz del voto voluntario.

El factor coyuntural de los casos Penta, SQM y Caval también tuvo un protagonismo inesperado. “Son gotas que rebalsan el vaso en términos de razones que la gente junta para no ir a votar”, señala Bunker.

CALIDAD DE LA DEMOCRACIA Y VOTO OBLIGATORIO: DECIDIR, MÁS QUE ELEGIR

En un escenario donde la política se concibe casi por defecto reñida con la ética y la moral, se abre un espacio para debatir acerca de cómo mejorar la calidad de una democracia en serios problemas. Sobre todo, considerando que a la hora de las elecciones reina el pragmatismo político.

“Por ejemplo, lo que pasó en Valparaíso ocurre porque hay un componente de ética política de la que estamos carentes. En todo este tiempo los partidos de la Nueva Mayoría se han concentrado en cómo ganar el poder, pero no en esbozar una alternativa concreta y un proyecto político”, enfatiza Máximo Quitral.

De hecho, en el caso del joven alcalde electo de Valparaíso, Jorge Sharp, sorprendió a los analistas la cantidad de votos de la Nueva Mayoría que pueden haberse perdido desviado de la candidatura de Leopoldo Méndez para fraguar el triunfo del candidato de la Fuerza Autonomista.

La estrechez de los marcos institucionales y la falta de mecanismos que aseguren una democracia de calidad podrían estar pasando la cuenta. Por ello, algunos especialistas recomiendan considerar opciones contempladas por los sistemas de democracia directa, como la opción de referéndum revocatorios de mandato en casos que lo justifiquen, así como plantearse la posibilidad de realizar plebiscitos que integren a la ciudadanía a la toma de decisiones complejas o de alto interés nacional. “Ya no basta con elegir, ahora es necesario decidir”, enfatizó la especialista de la Universidad de Valparaíso, Javiera Arce.

En este contexto, la discusión sobre el voto obligatorio se vuelve incómoda y apresurada.“Sería ponerse un balazo en los pies”, asegura la especialista, aunque otros son partidarios de su reposición, aunque no en este momento.

El cientista Kenneth Bunker es partidario del voto obligatorio y la inscripción automática, pero señala de antemano que ese debate no es viable hoy. “Hay muchas cosas que se pueden hacer para reencantar a la gente con la política y para incentivarlos a volver a creer. Una buena idea es abrir una gran conversación nacional acerca de esto, donde todos opinemos cómo mejorar la democracia”, señaló.

En este debate será fundamental analizar el rol de las diversas formas de participación política que ha utilizado la ciudadanía en los últimos años para expresarse: por ejemplo, las manifestaciones masivas, que conscitan el interés de generaciones y sectores políticos transversales, y parecen haber aglutinado mayor esperanza de cambio en los ciudadanos y ciudadanas que el hecho de votar cada 4 años, además de la organización local.

LA PUERTA QUE ABREN LOS INDEPENDIENTES

Para algunos, la reciente elección municipal deja un saldo a favor de la derecha y el proyecto político de Sebastián Piñera, quien espera retornar a La Moneda tras el fin del mandato de Bachelet. Sin embargo, a juicio de Max Quitral, tanto en Providencia como en Santiago la derecha se mantuvo y bajó en votos, aunque ganó a sus contendores.

“Creo que hay otros factores como la maquinaria electoral, lectura correcta del escenario político y la construcción discursiva sencilla para un electorado”, apunta. Mientras, otros señalan que la derecha salió beneficiada de un panorama eleccionario nefasto, de bajas expectativas, pero con un rol político más claro que el del oficialismo.

Así lo explicó Javiera Arce: “La derecha no se disfraza de democrática y su triunfo tiene que ver con un voto de castigo a la Nueva Mayoría. Se prometieron reformas, pero son muy limitadas y no han sido bien comunicadas a al ciudadanía, así como prometieron muchas cosas que no son. No hay consistencia en los proyectos políticos. O es más Estado o más mercado, esa es la discusión que tiene llevar la Nueva Mayoría en términos ideológicos”.

En este escenario, explica Arce, “parece más coherente el discurso político de la UDI y su financiamiento con Penta, por eso tampoco hay más castigos hacia esta coalición”.

Aunque el triunfo ciudadano de Sharp en Valparaíso no logró combatir la abstención -que casi alcanzó el 70% en el puerto- la apertura de las candidaturas independientes en este panorama es innegable. Según Bunker, desde 2004 a la fecha se han sumado 40 alcaldes ajenos al duopolio político de la Nueva Mayoría y Chile Vamos, totalizando hoy 78 municipios. Un espacio que podría crecer hasta ofrecer alternativas reales para los casi 9 millones de chilenos y chilenas que han optado por no participar.

“Chile, históricamente ha sido de 3 tercios. Que los dos bloques políticos hayan acordado repartirse el electorado para beneficiarse del poder, y creado un bipartidismo artificial, está llegando a un agotamiento. Creo que se abre un oportunidad para que las fuerzas políticas emergentes se alcen como una alternativa seria de poder“, enfatizó Quitral.

Vanessa Vargas Rojas

Last modified onMartes, 25 Octubre 2016 10:33

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