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Subir en las encuestas estigmatizando a los inmigrantes

Patricio López.   Miércoles 12 de diciembre 2018 20:27 hrs.  Radio U8. De Chile.

Vivimos una época donde casi todo se puede hacer rápido y donde las cosas duran poco: los pantalones, los zapatos, las ampolletas y también las convicciones políticas. Los medios de comunicación y los dirigentes cambian de tema como quien se cambia una chaqueta y es por eso que desde acá hemos señalado la peligrosa tendencia de ir de noticia en noticia sin pasar nunca a los temas de fondo.

En nuestra sociedad, las personas tendemos a naturalizar el orden vigente y ya no nos preguntamos por qué hay tanta desigualdad, por qué existen zonas de sacrificio, por qué tenemos que endeudarnos por décadas para pagar una carrera universitaria o por qué los carabineros ven a los mapuches como si fueran sus enemigos. Son tiempos donde todo lo que no se resuelve rápido se vuelve tan incómodo que es mejor hacer como si no existiera. Así las cosas, es hasta comprensible, más no aceptable, que los gobiernos caigan en la tentación de gobernar para la encuesta semanal.

 

Esta forma de medición que termina señalándole a los habitantes de La Moneda qué hacer durante los siete días siguientes es, probablemente, una de las maneras más perniciosas de guiar una conducta política. Consiste en desdeñar las propias convicciones y en hacer pasar a segundo plano los programas presidenciales, que son una suerte de contrato social entre el candidato elegido y los electores. Deja las políticas de Estado en manos de una opinión pública cada vez más caprichosa e ignorante, donde se vuelve posible decir que los países serios se retiran de la ONU, que los extranjeros han aumentado los contagios de VIH o que migrar no es un derecho humano. No nos engañemos: no se trata de opiniones aisladas o de dignatarios que llegaron dónde están por la ventana, puesto que sí representan a muchas personas y sí pasaron por muchas instancias de validación antes de llegar a los más altos cargos del Estado.

La adicción política a las encuestas se agrava si, además, se ha comprobado que los climas de opinión pública, incluyendo la circulación de información en redes sociales, se puede manipular con algoritmos, fake news y post-verdades hasta incidir en el resultado de elecciones presidenciales. La situación macabra se resumiría así: se pude hacer creer a la población cosas que no son ciertas para luego tener que gobernar obedeciendo a ese pueblo que cree cosas que no son ciertas. Si bien sabemos que estos fenómenos encuentran resistencias en la sociedad, su avance igual se produce y termina enajenando el debate político de los objetivos de bien común que deberían guiarlo. Nada ayuda tampoco a esta situación la existencia de periodos presidenciales de apenas cuatro años sin reelección, pues el presidente de turno no alcanza a acomodarse en su cargo y ya tiene que irse, lo cual pareciera deliberadamente concebido para que nunca nada cambie.

No debemos descartar que a esta hora alguien saque cuentas alegres por su aumento en las encuestas a costa de la estigmatización de los inmigrantes, la que a su vez se basa en las creencias que los propios dispositivos mediáticos han puesto en las cabezas equivocadas de las personas. En estas horas donde los inmigrantes son culpables de la falta de empleo, de las largas esperas en los consultorios, del aumento del VIH y de la delincuencia, entre otras falsedades, la tarea de nadar contra la corriente se hace especialmente necesaria.

 

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