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Parlamentarios chilenos: La reencarnación de los cipayos

Equipo Editorial El Rodriguista. 11 febrero 2018. 

Los españoles de la conquista llamaban yanaconas a los indios auxiliares que les prestaban apoyo en su camino de dominación de otros pueblos originarios americanos. En la India, por su parte, los cipayos eran los soldados nativos que se unían a las filas del Imperio Británico para combatir a los indios que le resistían y que luchaban por la liberación del yugo colonial. 

Y esta dicotomía entre hombres dignos y hombres obsecuentes se ha mantenido por toda la historia, llegando en los años 60 del siglo XX a denominarse Panamericanismo a la posición americanista sometida a los designios de Estados Unidos y Latinoamericanista a las miradas libertarias que rechazaban el yugo imperial de Washington. El Che y Allende eran sólo algunos de los exponentes de esta última posición. 

Hoy en Chile, un grupo de diputados y senadores que integran la Comisión de Relaciones Exteriores de sus respectivas Cámaras reeditan con su cinismo esta dualidad moral, pues mientras rechazan escandalizados la posible venida del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a la ceremonia de cambio de mando presidencial, guardan un hermético y obsecuente silencio por la posible presencia del jefe del gobierno yanqui, Donald Trump, quien a diario amenaza con destruir a aquellas tierras libres que se resisten a sucumbir ante sus dictados.

“Los liberales hemos sido muy claros en nuestras críticas y no vamos a transar: el gobierno de Venezuela es una mierda y eso lo diremos en todas partes. Con respecto a Cuba, las posiciones son las mismas. Para el Partido Liberal el régimen castrista es una dictadura”, sostenía hace pocas horas el diputado del seudo progresista Frente Amplio, Vlado Mirosevic. Nada por supuesto, decía sobre Estados Unidos y sus constantes planes de conquistar al mundo. 

El actual gobierno de La Moneda justifica las invitaciones a distintos mandatarios como parte del protocolo y de la "tradición republicana de Chile", sin embargo, está tratando por todos los medios de que no asista el presidente Maduro, ya que "empañaría" comunicacionalmente el traspaso, pues el mandatario bolivariano no encaja en los moldes de las democracias liberales del sur, genuflexas ante el Imperio.  Es un símil del factor Obispo Barros en la visita del Papa Francisco a Chile. 

El sesgo ideológico pro Estados Unidos del actual gobierno de “centro izquierda” queda patente con sus acciones, pues justifica suspender de manera indefinida su participación en el diálogo de República Dominicana entre el gobierno y la oposición venezolana, argumentando que no hay garantías democráticas para las elecciones de abril. 

Contraría incluso con ello la carta del ex presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, que pidió que se firmaran los acuerdos. "De manera inesperada para mí, el documento no fue suscrito por la representación de la oposición. No valoro las circunstancias y los motivos, pero mi deber es defender la verdad y mi compromiso es no dar por perdido el lograr un compromiso histórico entre venezolanos" dijo Rodríguez Zapatero en su misiva a la oposición y en la cual agregó, "le pido, pensando en la paz y la democracia, que su organización suscriba formalmente el acuerdo que le remito, una vez que el Gobierno se ha comprometido a respetar escrupulosamente lo acordado". 

En paralelo, y tras reunirse con la presidenta Bachelet, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, advirtió algo que en realidad no tiene nada de nuevo, que "Estados Unidos usará toda su fuerza diplomática y económica hasta que se restaure la democracia en Venezuela. Trabajaremos con los países aliados en toda América Latina para llegar a una solución pacífica (para Venezuela)". 

El heraldo del imperialismo en La Moneda, Heraldo Muñoz, dijo entonces y como siempre servil, "hace unos días Maduro había anunciado que las elecciones serían antes del 30 de abril y no existen las condiciones mínimas para que existan elecciones con las garantías para todos los que quieran participar". 

Con la aparición de Hugo Rafael Chávez y el apoyo de Fidel Castro y otros líderes latinoamericanos como Evo Morales, volvió a ser más evidente esta disputa continental entre los neo cipayos de traje y corbata y los hombres dignos del sur. 

El ALBA, la Unión Sudamericanas de Naciones y muchas otras expresiones representativas de un esfuerzo por consagrar la integración de nuestros pueblos sin la intervención yanqui se interpusieron al ALCA, bloque nefasto al que un dignísimo bolivariano mandó “Al carajo”, ante miles que lo escuchaban en Argentina en el año 2006. 

Pero el imperio no ceja en su empeño de dominación, y ha respondido con una guerra mediática y económica para desbaratar estos nuevos intentos de unidad de los pueblos para lo cual cuenta el apoyo tradicional de los yanaconas del sur, y que  en Chile no sólo provienen de la derecha tradicional , sino también de buena parte del PDC, PS, PRSD y PPD. 

No es cierto, como tratan de presentar la Derecha y su versión “progre” Nueva Mayoría, y ahora incluso partidarios del Frente Amplio, que el conflicto en Venezuela, Bolivia, Cuba o Nicaragua, sea la ausencia de democracia. Al contrario, las naciones dignas son aquellas que los medios de comunicación hegemónicos muestran como bastiones del terror dictatorial, mientras aplauden pusilánimes los gobiernos de países lacayos, esos a los cuales las transnacionales expolian sus recursos naturales en la más absoluta impunidad. 

Los “progresistas” de Chile nada dicen sobre el reciente fraude electoral en Honduras, de la corruptela en Brasil, del narcoestado en México, o de los asesinatos frecuentes y masivos de dirigentes sociales y políticos en Guatemala, Colombia, Paraguay. Es más, todos los presidentes de esos países están invitados el 11 de marzo y serán recibidos como gobiernos plenamente demócratas. 

Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba serán sin duda explícita o implícitamente rechazados por las autoridades chilenas por querer la unidad latinoamericana sin la nefasta injerencia de Washington. Esa actitud tiene un solo nombre, entreguismo, y es la prueba clara de que el pensamiento cipayo se mantiene y que aflora vergonzante más allá de falsos puños en alto de los nuevos yanaconas del sur.

 “Los chilenos queremos contribuir decididamente, a proyectar la América Latina hacia el mundo, con personalidad propia, dignidad e independencia, lo que requiere profundas transformaciones en su estructura interna, social y política. Sabedores de la fuerza que depara la unidad de nuestros pueblos podremos emprender grandes tareas en beneficio colectivo. Sin subordinarnos a directrices extrañas, con absoluto respeto a la autodeterminación, a la no intervención y al diálogo sin fronteras. Son los únicos principios que, aplicados también al ámbito mundial, pueden garantizar la paz y la cooperación internacionales”. Lo dijo el latinoamericanista Salvador Allende, dos años antes de ser derrocado.



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