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La Moneda y Carabineros: En boca cerrada no entran moscas

El Rodriguista....Equipo editorial.... 27 enero 2018.

Los refranes populares contienen la sabiduría de incontables generaciones y suelen gritar verdades por más que se las pretenda acallar.

Así, las abuelas decían, “en boca cerrada no entran moscas”, tal como lo muestra hoy La Moneda, con su administradora saliente, y por los numerosos y vergonzantes escándalos en Carabineros, protagonizados “desde capitán a paje”, incluyendo por supuesto a su distinguido y áureo alto mando institucional.

El último de estos bochornosos hechos comenzó a gestarse tras la denuncia de la Fiscalía regional de Temuco sobre la adulteración de pruebas por parte de la Dirección Policial de Carabineros (Dipolcar), para acusar a dirigentes mapuches en la llamada Operación Huracán.

Pero esta es sólo una de las muchas aristas que desnudan la enorme crisis que vive Carabineros de Chile y que prueban la plena vigencia, a más de un cuarto de siglo de gobiernos “democráticos”, de claros enclaves del pinochetismo.

No hay que olvidar que la policía uniformada, por años mostrada mediáticamente como la más respetada por la ciudadanía, fue parte activa de la acción criminal y del saqueo que sufrió Chile en la tiranía terrorista de Pinochet, y como institución, al igual que todas las ramas de las FFAA, salió de la dictadura gozando de la más plena impunidad pese a horrorosos crímenes a su haber, entre los que se cuenta el degollamiento en 1985 de tres profesionales comunistas.

 

Lo anterior, como parte de los pactos secretos con los cuales se construyó la mal llamada “transición a la democracia”, un proceso en el que participaron fuerzas de la dictadura, de la oposición burguesa junto al Partido Socialista y al PPD, más el imperio Yanqui que temía una posible nueva Nicaragua en el extremo sur del continente.

Como consecuencia de dicho pacto, no hubo a partir de los 90 una depuración de Carabineros, ni en doctrina, ni en personal, tampoco hubo medidas de transformación de la policía tomadas por la autoridad política, lo cual implica que la Concertación y luego la Nueva Mayoría son claramente responsables de lo que pasa actualmente.

“Orden y Patria” es el lema de Carabineros de Chile cuyo himno incluso fuimos a forzados a memorizar en el periodo escolar. Pero ese lema, en términos sencillos, significa que estamos ante una institución garante de un determinado orden y de una determinada concepción de patria, no una popular, sino aquella de los Luksic, de los Matte, de los Larraín. Ese es el orden y la patria a la que alude el lema de Carabineros, no el de un Chile solidario y democrático.

Es una policía uniformada militarizada fruto de la concepción "portaliana" del Estado y que se expresa en una institución jerarquizada altamente represiva al servicio de una oligarquía que sólo permite el cambio circunstancial de los administradores del modelo. Hoy Bachelet, mañana Piñera, pasado otro, pero siempre dentro del marco institucional correcto, es decir, pro empresario.

Y la crisis de Carabineros no es de ahora, es de siempre. En la tiranía se elevó a niveles gigantescos, lo que pasa hoy en día es que por diferentes motivos los escándalos salen al conocimiento público y por tanto producen efecto mediático e impacto masivo.

Si pesquisamos someramente los escándalos de Carabineros en los medios de comunicación, y aún considerando que lo que se muestra es una parte mínima de la realidad, podemos dar cuenta en el último tiempo del fraude financiero de una mafia en su interior, que incluía desde generales a carabineros rasos, para robar miles de millones de pesos asignados a la institución; decenas de carabineros dados de baja por distintos motivos como robos en supermercados, participación en bandas de delincuentes, robo a detenidos, etc, etc;.

También las diferentes denuncias de organizaciones sociales por la brutalidad y abuso de poder a detenidos en huelgas, movilizaciones, como lo sucedido en la 33 comisaria de Santiago por la Marcha de los Pobres en la venida del Papa Francisco o el actuar contra las comunidades mapuche en el Wallmapu. Y a todas estas situaciones se suma ahora la acusación de pruebas adulteradas por la DIPOLCAR en la llamada Operación Huracán.

Luego de la denuncia de la Fiscalía regional de Temuco y la orden para allanar las dependencias de la Dipolcar en Temuco, sucedió algo poco común en el último tiempo, Carabineros se negó al allanamiento argumentando que tenían que avisarles con 48 horas de anticipación y solamente luego de 12 horas de diligencias, la Policía de Investigaciones (PDI) terminó recién en la madrugada del sábado el allanamiento. Los peritajes resultaron en el retiro de equipos y documentos desde la Unidad de Inteligencia de la capital regional. Que habrá pasado en las 12 horas en que carabineros se negó al allanamiento, no sabemos, pero es posible pensar en la eliminación de archivos que los puedan inculpar.

El viernes 28 de mayo de 1993, durante el gobierno del presidente Patricio Aylwin, comandos del Ejército se congregaron amenazantes en las cercanías del Palacio de la Moneda, con sus rostros pintados, armados y con vestiduras militares de combate. Pocos días antes se había informado de la reapertura del caso de los Pinocheques, pagados al hijo del tirano. El movimiento de los comandos surtió un poderoso efecto y la causa finalmente se cerró. El vergonzoso episodio de la precaria democracia post dictadura se llamó Boinazo y mostró la fragilidad de la república entreguista a la que se había resignado la recién gobernante Concertación.

La pasada semana, y con orden judicial, la Fiscalía de Temuco ordenó el allanamiento del cuartel de inteligencia de Carabineros, sin embargo, la diligencia resultó frustrada, pues los efectivos uniformados lo impidieron incluso con vehículos blindados y funcionarios de fuerzas especiales merodeando amenazantes el cuartel policial que se pretendía allanar.

Para quienes recuerdan el Boinazo el pasado episodio podría perfectamente llamarse el Pacazo, pues la amenaza de la fuerza pudo más que la supuesta institucionalidad chilena, con toda su falsa sacralidad portaliana.



Cabe preguntarse entonces si antes tan graves y reiterados hechos: ¿Porque Bachelet no llama a retiro inmediato al General Bruno Villalobos (General Director de Carabineros y ex- jefe de inteligencia) y al actual jefe de inteligencia General Gonzalo Blu?. El poeta uruguayo Mario Benedetti, antes de partir al infinito, advirtió “Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio”.

¿Quien le pone el cascabel al gato?, sin lugar a dudas la responsabilidad es de este gobierno, de la presidenta Bachelet, del ministro de Interior Mario Fernández y del Subsecretario Aleuy.

Algunos especulan en las redes sociales que está tan mal la situación en el alto mando que no existe gente proba capaz de remplazar a Villalobos y su delfín Gonzalo Blu, General que se ha dado el lujo de decir que la fiscalía "ampara delincuentes". Otros aseguran que son tantos los favores mutuos que están atrapados en un círculo vicioso.

Lo más probable que en el transcurso de las horas, luego de "intensas y secretas negociaciones", todo se calme mediáticamente y se llegue a un acuerdo "en las más altas esferas del Estado" para que la institución siga, con estos u otros nombres, pero impune como policía para seguir en sus labores históricas de disciplinamiento social y represión, tan útil al gran empresariado y afín al Estado Policial que les permita seguir saqueando el país.

Pese a la gravedad que este último hecho reviste, en La Moneda ha imperado una hermética prudencia, lo que hace recordar al filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein, quien dijo: “De lo que no podemos hablar debemos guardar silencio”.

Last modified onDomingo, 28 Enero 2018 01:57

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