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Apropósito del 166 natalicio de José Martí

Elrodriguista. 28 enero 2019.

Al cumplirse el 166 aniversario del natalicio de José Martí, Elrodriguista difunde un artículo de Frei Betto del año 2013 y una reseña histórica publicada en Venezuela.

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Martí y la Revolución Cubana

Por: Frei Betto | Miércoles, 30/01/2013 10:24 AM

La historia de América Latina es rica en líderes sociales que encarnaron, en sus ideas y actitudes, utopías libertarias. Sin embargo son raros los que, si por milagro resucitaran del sepulcro, verían aplicados efectivamente sus sueños y proyectos. Uno de ellos es José Martí, que vería en la Revolución Cubana, que su sacrificio no fue en vano. José Martí murió con las armas en las manos, en 1895, defendiendo la emancipación de Cuba del dominio español.

Su lucha echó raíces que florecieron en el proyecto de soberanía y liberación nacionales, con una expresiva resonancia internacionalista, llevado a cabo por el pueblo cubano en las seis últimas décadas, bajo el liderazgo de los hermanos Fidel y Raúl Castro.

Gracias a Martí la Revolución Cubana preservó su cubanidad, su originalidad, sin dejarse encorsetar por conceptos dogmáticos, que en otros países socialistas produjeron tan nefastas consecuencias. Martí tenía el don de ser un hombre de acción sin dejar de ser un intelectual refinado, un pragmático y un espiritualista. Nunca perdió el sentido crítico e incluso autocrítico.

Martí vivió quince años en los Estados Unidos, en Nueva York, entre 1880 y 1895, cuando allí se estaba gestando una transformación que imprimiría al capitalismo su carácter agresivo. Al mismo tiempo le posibilitó el contacto con lo que había de más avanzado en los pensamientos filosóficos, científicos y espirituales. En la sociedad norteamericana Martí constató lo que significa desarrollo económico centrado en la apropiación privada de la riqueza, indiferente a las reales necesidades humanas, y cómo esa concepción egocéntrica limitaba la vida espiritual.

El papel de Cuba en el equilibrio de América Latina y el Caribe tiene sus raíces en el siglo 18, cuando, gracias a la influencia del enciclopedismo, la cultura cubana adquirió identidad y expresión. En ese proceso destacaron hombres de profundo sentido espiritual, como el obispo Espada, Félix Varela, Luz y Caballero, para culminar en Martí y en los que él formó, como Enrique José Varona, mentor de los jóvenes universitarios en los comienzos del siglo 20.

Lo que marcó la generación de Varela, Luz y a continuación la de Martí fue la capacidad de asimilar las nuevas ideas iluministas sin sacar los pies del suelo latinoamericano y caribeño. Hay un principio de educación popular que se aplica muy bien a esas figuras históricas, y que también explica la originalidad de sus pensamientos: la cabeza piensa donde pisan los pies.

En las motivaciones del ideario que los movía estaba el sufrimiento de los pueblos indígenas y de los esclavos, la saña colonialista, la lucha pionera de mi hermano de hábito fray Bartolomé de las Casas, los principios cristianos de la sacralidad radical de cada ser humano, considerado como hijo amado de Dios, independientemente de su clase, etnia o actividad social.

La lucha por la libertad y la justicia fue iniciada, en nuestro continente, por los pueblos indígenas. Millones de ellos fueron encarcelados, ahorcados, quemados vivos, decapitados y descuartizados. Tupac Amaru clamó contra la opresión colonialista. Hatuey, líder indígena de Cuba, fue quemado en una hoguera; consta que cuando le preguntaron si quería aceptar la religión de sus verdugos españoles, para de ese modo asegurarse un lugar en el cielo, preguntó si ellos también irían al cielo al morir, y al responderle que sí, Hatuey dijo que entonces no quería estar con ellos en el paraíso… También las mujeres indígenas, como Bartolina Sisa y Micaela Bastidas, lucharon y murieron en defensa de los derechos de sus pueblos.

Todos estos antecedentes explican la Revolución Cubana y el por qué ella destaca como factor de resistencia en América Latina. Antes de la victoria en Sierra Maestra nuestro continente era zona de ocupación y extorsión, de explotación y sumisión a los países más poderosos de Occidente. La Revolución Cubana puso un ‘basta ya’ al imperialismo, recató el espíritu de soberanía de los pueblos caribeños y latinoamericanos, despertó la conciencia crítica de nuestra gente, fomentó movimientos libertarios, comprobó que la utopía puede transformarse en topía y que la esperanza nunca es en vano.

Cuba venció al colonialismo español eliminando la esclavitud y asegurando su independencia como nación. Con la victoria de la Revolución le impuso límites a la expansión imperialista de los Estados Unidos.

Y se dio luego un movimiento de liberación nacional que abrazó el proyecto socialista. Pero el equilibrio se mantiene. Martí no fue remplazado por Marx; la fe religiosa de los cubanos no fue eliminada por el materialismo histórico y dialéctico; el arte no se dejó desvirtuar por los estrechos límites del realismo socialista. Lo que en el pensamiento europeo sonaba como antagónico, acá, en América Latina y el Caribe, se reveló paradójico. Lo que parecía irreconciliable del otro lado del océano acá representa convergencia, como el marxismo privado de dogmas o el cristianismo desprovisto de arrogancia elitista, pero sensible al clamor de los pobres, lo que desembocó en la Teología de la Liberación.
(Traducción de J.L.Burguet)

- Frei Betto es escritor, autor de “Conversación sobre la fe y la ciencia”, junto con Marcelo Gleiser, entre otros libros.

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Se cumplen 166 años del natalicio de José Martí

Caracas, enero 28 - Se cumplen 166 años años del natalicio de quien en vida se erigiera y pasara a la posteridad como uno de los más prestigiosos políticos republicanos democráticos, pensador, escritor, periodista, filósofo y poeta José Martí quien naciera en la Habana-Cuba, el 28 de enero de 1.853.

Nacido en el seno de una familia con pocos recursos económicos, a la edad de doce años José Martí empezó a estudiar en el colegio municipal que dirigía el poeta Rafael María de Mendive, quien se fijó en las cualidades intelectuales de aquel muchacho insurgente y decidió dedicarse personalmente a su educación, llegando a ser un destacado precursor del Modernismo literario hispanoamericano y uno de los principales líderes de la independencia de su país.

Martí creó el Partido Revolucionario Cubano y organizó la Guerra del 95 o Guerra Necesaria, llamada así a la Guerra de Independencia de Cuba. Fue el 30 de noviembre de 1.887 cuando a sus 34 años de edad, fundó una Comisión Ejecutiva, de la cual fue elegido Presidente, encargada de dirigir las actividades organizativas de los revolucionarios. En enero de 1.892 redactó las bases y los estatutos propiamente del Partido Revolucionario Cubano. Luego, el 8 de abril de 1.892 resultó electo Delegado de esa organización, y el 14 de ese mismo mes fundó el periódico Patria, órgano divulgativo oficial del Partido.

En los años de 1.893 y 1.894 recorrió varios países de América y ciudades de Estados Unidos, uniendo a los principales jefes de la Guerra del 68 para la nueva contienda llamada Plan Fernandina, con el cual pretendía promover una guerra corta, sin grandes desgastes para los cubanos, lamentablemente el Plan fue descubierto e incautadas las naves con las cuales se iba a ejecutar, pero a pesar de ello Martí decidió seguir adelante con los planes de pronunciamientos armados en la Isla, en lo que fue apoyado por todos los principales jefes de las guerras anteriores.

El 29 de enero de 1.895, junto con Mayía y Collazo, firmó la orden de alzamiento y la envió a Juan Gualberto Gómez para su ejecución, luego, el 25 de marzo de ese mismo año propulsó un documento conocido como Manifiesto de Montecristo, que no era otra cosa que el programa de la nueva guerra.

Fue el 19 de mayo de 1.895, a escasos cuatro (4) días de haber firmado la Circular a los jefes y oficiales del Ejército Libertador, (como uno de los últimos documentos organizativos de la guerra), cuando una tropa española se desplegó en la zona de Dos Ríos, cerca de Palma Soriano, donde acampaban los cubanos, Martí quien marchaba entre Gómez y el Mayor General Bartolomé Masó, al llegar al lugar de la confrontación, Gómez le indicó detenerse y permanecer a buen resguardo en el lugar acordado, sin embargo, en el transcurso del combate, se separó del grueso de las fuerzas cubanas, y cabalgó, sin saberlo, hacia un grupo de españoles ocultos en la maleza por los que fue alcanzado, propinándole tres disparos que le provocaron heridas mortales. Su cadáver fue sepultado el día 27 de mayo del 95 en el nicho número 134 de la galería sur del Cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba.

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