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TPP-11: ¿Diferencias sobre un tratado o sobre el modelo?

Patricio López | Jueves 25 de julio 2019 11:57 hrs. Radio U de Chile

Cuando el Gobierno puso suma urgencia al proyecto de aprobación del Tratado Transpacífico el pasado 15 de enero, con la evidente intención de despacharlo cuando ya la gente estaba yéndose de vacaciones y antes de febrero, no imaginó que un leve error de cálculo que podía resolverse la primera semana de marzo, terminaría transformándose en el movimiento de mayor rechazo a un tratado de libre comercio que recuerde no solo la historia de Chile, sino también de América Latina. Además, en el país que es considerado la capital mundial de los TLC.

En la medida que transcurrían las semanas, fue posible por primera vez el análisis un poco más sosegado de un acuerdo que con sus anexos tiene más de 5 mil páginas. Por lo mismo refulge para mal la cláusula de confidencialidad con que fue negociado al principio y el intento por despacharlo rápido este año desde el Congreso Nacional. Con el tiempo, ha ido quedando claro que los TLC no son armatostes meramente técnicos y que sus alcances principales, especialmente en el caso de países que tienen muchos tratados como Chile, ni siquiera se encuentran en lo comercial, sino en el modo en que zanjan la relación entre los Estados y los inversionistas. Es decir, reglas del juego, algo que al final del día es profundamente político e ideológico.

 

El discurso predominante indica que este modo de inserción económica ha ido transformando a Chile en un país mejor, más próspero. Desafortunadamente, el Estado no ha desarrollado una política integral de análisis de las consecuencias de la implementación de estos tratados, positivos y negativos, pues junto con sus supuestas consecuencias en el crecimiento económico, se deberían analizar también sus supuestos efectos en la mantención y aumento de la desigualdad, en la desaparición de la industria nacional, en la falta de control sobre el funcionamiento de las empresas y otras variables ligadas a los alcances de los tratados.

Estas consideraciones nos llevan a vislumbrar que las diferencias que ha expresado la sociedad chilena sobre el TPP-11 no son consideraciones técnicas respecto a un tratado, sino diferencias más de fondo sobre el modelo económico. En entrevista con nuestro medio de comunicación, el ex director de la Direcon, Andrés Rebolledo, expresaba además su convicción de que con este TLC Chile empezaba a cerrar un ciclo de apertura comercial que debía dar luego espacio a políticas de fortalecimiento de la economía interna. Esta reflexión, necesariamente de carácter estratégico o de largo plazo, es por de pronto la consideración personal de un actor importante en este proceso y no una política explícita de Estado, o un asunto puesto a la discusión entre las distintas sensibilidades de la sociedad chilena. En el análisis también se debe incluir la eventual irreversibilidad de esta política de TLC firmados uno tras otros, por las dificultades contenidas en su propia redacción para dejarlos sin efecto.

Durante este tiempo, han aparecido las supuestas consecuencias del TPP-11 en las exportaciones, en el favorecimiento a ciertos productos, tal como sus eventuales efectos negativos en las semillas, en los medicamentos y otros. El Tratado es complejo y extenso, no redunda continuar la discusión, pero se hace necesaria la pregunta de hacia dónde nos lleva el TPP-11. Una pregunta que mire hacia delante de la aprobación o el rechazo del tratado. Ya que no es un simple TLC.

 

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