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1 de mayo: El sindicalismo chileno es de clase o está destinado a desaparecer

Máximo Constanzo. Centro de Estudios Francisco Bilbao.

Como todos sabemos el sindicalismo pesa muy poco en el Chile actual, su poder es cercano a cero.

Más del 80 % de trabajadores/as no están organizados, por tanto no tienen capacidad  negociadora y en la práctica no pueden conquistar derechos colectivos. Desde el 2014 los trabajadores que participan en negociaciones colectivas (regladas o no) van disminuyendo; expertos dicen que el sindicalismo chileno tiene un techo máximo de 20% de trabajadores afiliados por un problema estructural en el país (tipo de empresas). Los trabajadores y trabajadoras están  a merced de un empresariado voraz y salvaje.

Dentro de los organizados la mayoría  están bajo la dirección de un sindicalismo que ya no cree en la lucha de clases, piensa que debe negociar demandas mínimas y cooperar con el empresariado para el éxito de sus negocios y así aspirar a obtener algún “chorreo” de las utilidades patronales.

 

Esta aspiración de obtener un “chorreo” es utópica y no tiene asidero real, es cosa de ver los niveles de explotación existente, que incluye sueldos que no alcanzan para vivir dignamente a cientos de miles de chilenos y chilenas o sueldos que simplemente no alcanzan para las aspiraciones consumistas de los actuales trabajadores individualistas.

Para la “gobernanza” del sistema, hasta hace poco era muy importante la hegemonía entre los trabajadores organizados de un sindicalismo de “pacto social” o economicista; pero eso está cambiando ya que es un tipo de sindicalismo en decadencia, decorativo, que pronto será desechable, fundamentalmente  porque  las formas  de trabajo están mutando aceleradamente y el sindicalismo que así fue concebido,  no tiene y no puede tener respuestas orgánicas y políticas para el nuevo tiempo.

Las perspectivas de conquistas económicas de este tipo de sindicalismo son ínfimas para las aspiraciones y necesidades de las nuevas masas de obreros o asalariados.

Tenemos que asumir que el chileno/a promedio es una persona donde imperan muchos de los “valores” que sembró el neoliberalismo: es individualista, egoísta, consumista y eso es muy patente en el  mundo del trabajo donde a la mayoría no le interesa la organización sindical y la lucha colectiva. A los chilenos/as nos hicieron creer que nuestro futuro depende solo del esfuerzo personal o de la cuota de suerte que nos toque en la vida. Al que le va mal, es porque es tonto o flojo,  no porque existan barreras estructurales y sistémicas.

Al trabajador promedio actual, con su subjetividad egoísta, el sindicato no le sirve para conseguir mejoras de ingreso sustantivas al corto plazo ya que en las negociaciones colectivas se obtienen 3 ó 5 % de aumento, cifras que no modifica su realidad social.

El trabajador individualista piensa equivocadamente que niveles superiores de ingreso lo puede conseguir con otras formas laborales, sobre-explotándose, en una combinación de ingreso formales e informales.

En una frase: El sindicalismo del “chorreo” es poco “sexy” y poco útil para el/la actual trabajador/a promedio;  en especial para los más jóvenes.

Existe un sector minoritario entre las trabajadoras y trabajadores organizados que sigue sosteniendo la tradición del movimiento sindical chileno de claro acento anticapitalista (Recabarren. Blest), antiimperialista y altamente político que tiene como concepción la necesaria lucha por el poder.  Este sector está agrupado fundamentalmente en la naciente Central Clasista de Trabajadoras y Trabajadores (CCTT) que se fundó en septiembre del 2018 y que por ahora tiene una fuerza precaria.

Pero en general la decadencia sindical es evidente, el empresariado lo sabe y está feliz que así sea.

La realidad de los trabajadores/as organizados y  también de los no organizados es un reflejo de las condiciones en que venden su fuerza de trabajo y la subjetividad que ello conlleva.

La dictadura cambió el capitalismo, es decir el capitalismo revolucionó el capitalismo, “todo lo sólido se desvanece en el aire”, diría el manifiesto comunista en 1848.  El sistema cambió las formas de producir en Chile (con la influencia de las nuevas tecnologías) y con ello cambió todo, incluso a los propios trabajadores. La conciencia de clase se debilitó al máximo, al punto en que muy pocos se reconocen como parte de una clase social.  A esto se  suma los  asesinatos por parte de la dictadura de cerca de 500 dirigentes sindicales y que muchos de sus reemplazantes fueron comprados y por tanto corrompidos por el sistema. En muchos casos ser dirigente sindical es un negocio o una forma de tener un sueldo sin hacer nada. Cientos de dirigentes sindicales lo son para “sacar la vuelta”, quedarse en la casa o tener otra fuente de ingreso. El empresariado sabe esto, lo avala y lo ha promovido.

Hoy tenemos un trabajador promedio individualista, consumista (preso de las tarjetas de crédito), que está convencido que el éxito en la vida es la conquista de bienes materiales y para ello está dispuesto a todo, incluso vender su dignidad.  No es cierto que el grueso de los trabajadores no quiera organizarse por miedo al patrón, por cierto es un factor más.  Pero la mayoría no lo ve necesario, útil y deseable.

 El trabajador promedio actual, especialmente los jóvenes, está preso de una especie de “masoquismo” laboral.  Está dispuesto/a a ser maltratado/a, a trabajar horas de más, a tener condiciones laborales pésimas por ganar “lukas”, pero con una condición, que sea rápido, lo más instantáneo posible porque hay que vivir el momento.

La mayoría piensa que está en un trabajo temporal mientras no salga algo mejor.  Todos esperan ganarse el loto o que un golpe de suerte acelere su “destino” imaginario, son hombres y mujeres “aspiracionales” que creen que su destino depende de la “buena estrella” que posea. Después de todo la mayoría de los chilenos/as cree en el “mal de ojos”, en las “cávalas”, en la buena o mala suerte, es decir en irracionalidades.

Un dato no menor es que la mayoría de las huelgas o paros donde hay masa laboral joven negociando colectivamente, de hecho o de derecho,  en una futura negociación colectiva (dos o más años) no tendrá más que el 30 % de los mismos trabajadores negociando. Es decir no hay continuidad y esto impacta notoriamente en el sindicalismo actual.

Un joven de 30 años por lo menos ya pasó por muchas experiencias laborales, es decir están de paso en lugar laboral y es probable que tenga más de una fuente laboral al mismo tiempo. Ese trabajador no ve en el sindicato, salvo en coyunturas, una fuente de progreso social y económico sustantivo, si le interesa el bono de fin de conflicto, para vivir un preciado  y sobre valorado “momento” de consumo.

Hay excepciones importantes, pero muy minoritarias en cantidad, como son los trabajadores de Codelco o de grandes empresas mineras o tecnologízadas, que pueden negociar colectivamente mejoras sustantivas,  pero son  trabajadores que están dispuestos a defender su fuente laboral con dientes y muelas frente a los trabajadores subcontratistas es decir contra sus propios hermanos de clase en el rubro, es decir son una élite laboral.

También hay una realidad distinta en los trabajadores del Estado, con resabios de otras formas de trabajo pero que cada vez se acercan más a la realidad del  mundo de los trabajadores del sector privado.

Estamos enfrentados a que la inmensa mayoría de los trabajadores, no están organizados y lo que es peor no ven necesario organizarse y están en competencia contra sus propios hermanos de clase. ¡Qué gran triunfo ideológico (momentáneo) del capitalismo!

¿Qué hacer entonces?, ¿qué hacemos los clasistas?

Confiar en la suerte me dijo un amigo, noooo, tenemos que a lo menos pensar algunas ideas de salida y construcción.

1.- A la conquista ahora de mejoras laborales (cuestión irrenunciable) que incluye el ingreso de cada trabajador, hay que sumarle las demandas globales contra el capitalismo, sumar demandas para vivir de otra forma, tenemos que levantar la necesidad de calidad de vida y dignidad humana. La forma de vivir actual en base  al individualismo y al consumismo hedonista está destruyendo a los seres humanos y  la naturaleza.

El sindicalismo economicista o de “chorreo” está agotado, está matando al propio sindicalismo y lo está convirtiendo, por la formas de producción altamente tecnologízadas y flexibles, en algo obsoleto, algo que no sirve, algo que se está muriendo o que solo es funcional a los partidos políticos que son portadores de esas concepciones anticuadas pro capitalistas, es decir, está en la prehistoria.

Al sindicalismo de futuro hay que dotarlo de una épica nueva, de una impronta anticapitalista, hay que imbuirlo de la necesaria lucha por el poder, hay que politizarlo. El sindicalismo clasista es lo único que puede salvar al sindicalismo.

2.- ¿Como llegar a organizar a los que no quieren o no pueden organizarse? Hay que innovar sobre la base de que sin organización no es posible cambiar nada, en esto una herramienta útil pueden ser los sindicatos inter-empresas por sectores laborales o por barrios donde laboran muchos trabajadores de pequeñas empresas. Hay formas de lucha históricas de sectores de trabajadores, a pesar de los cambios en el mundo del trabajo, que siguen siendo validas y justas, como las negociaciones por rama de la producción. Sacar de la empresa o pequeñas empresas la negociación colectiva y llevarla a negociaciones o formas de presión sindical supra empresas.

3.- La existencia de un referente de lucha, como la Central Clasista,  puede ayudar a despertar conciencia, con demandas precisas, justas, pero junto a ello, plantear la lucha por el poder y la aspiración de que los trabajadores/as sean gobierno para transformar Chile.

Las contradicciones de clase, están allí, aunque el sistema en sus diferentes expresiones nos digan que ya no existen, que los trabajadores están en retirada o que ya no son un sujeto de cambio social.

Los trabajadores somos explotados y humillados con nuevas formas, muchos se están suicidando, especialmente jóvenes porque ya no tienen la capacidad de vivir en una sociedad tan sin sentido como la chilena (es como cuando los esclavos en los barcos venidos de África, se lanzaban al mar lleno de tiburones como una medida de escape) o se convierten en muertos vivientes  sumidos en las drogas o están afectados con las nuevas enfermedades mentales (en eso Chile es top ten mundial).

Además el sistema nos está remplazando con robot o software y por ello el sistema ya nos condenó a muerte con un modelo de salud y de seguridad social inhumano. Lo mismo sucede con los ancianos y otros sectores populares.

Una mala noticia para los trabajadores egoístas, el futuro bajo el capitalismo es apocalíptico

El sindicalismo de futuro tiene sentido, si es de clase y  si es revolucionario.

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