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Emmanuel Mompoint: “Probablemente estamos frente a una primavera haitiana”

El país antillano está paralizado por las manifestaciones que exigen el derrocamiento del presidente Jovenel Moise. El médico radicado en Chile y exconsultor ONU Emmanuel Mompoint explicó que la lucha va más allá de los casos de corrupción e instó a los políticos chilenos a analizar el llamado Plan de Retorno Humanitario en las actuales circunstancias.

Eduardo Andrade .  Lunes 18 de febrero 2019 17:25 hrs.  Radio U. de Chile.

El primer ministro de Haití, Jean-Henry Ceant, anunció el pasado fin de semana una serie de medidas para intentar calmar las revueltas que tiene paralizada a la isla desde hace diez días.

Según detalló en su discurso, las propuestas contemplan la reducción del presupuesto del primer ministro en un 30 por ciento, así como la búsqueda del aumento del salario mínimo y la reducción del precio de los alimentos, entre otras disposiciones.

Ante esto, el médico haitiano y exconsultor de la ONU en ese país, Emmanuel Mompoint, conversó con Radio Universidad de Chile sobre sus impresiones luego del discurso, las revueltas y la difícil situación que vive el país debido al llamado lockdown en la sociedad haitiana.

 

Mompoint -coautor del libro Migración y salud colectiva– advirtió que su opinión no representa a la comunidad haitiana en Chile, a la que considera “fragmentada”. Sin embargo, es una de las voces preparadas aquí para analizar temas como la continuidad del Plan de Retorno Humanitario, implantado por el gobierno chileno en el 2018, en las circunstancias actuales.

¿Calman algo las medidas anunciadas por el primer ministro?

Desde mi punto de vista, no. Todo lo contrario, servirían para echarle leña al fuego, porque los discursos no propusieron nada nuevo, nada factible ni mucho menos entendieron el espíritu de las protestas, que consiste en un cambio profundo, sistémico, estructural, en todas las formas de organización de la sociedad, tanto a nivel político, social, económico, etc. Es decir, probablemente estemos frente a una primavera haitiana.

Se habla ya de un derrocamiento de Jovenel Moise, ¿usted lo cree necesario?

Es bastante difícil que ese tipo de protestas, cuyo fundamento plantea un cambio estructural, no venga acompañado de la figura presidencial. Para mí es necesario que renuncie el presidente, no porque eso vaya a traer una solución de forma más expedita a la situación, sino que puede servir como un mensaje que le estaría enviando el pueblo a toda la élite política, de que ya estamos hartos de ellos, que no los queremos y que necesitamos un cambio estructural en la sociedad.

El sector privado, al parecer, tomó bien los dichos del primer ministro…

En el mundo entero la presión de los intereses privados es fuerte, en Chile y en Estados Unidos. Yo creo que ellos lo tomaron de buena manera porque con estas protestas pierden mucha plata, los negocios no se abren, han incendiado algunos negocios. Además, Haití es un país en donde todos los gobiernos han trabajado en un cien por ciento defendiendo los intereses de la élite económica.

Una de las principales actividades económicas de Haití puede ser el turismo, ¿verdad?

Debería ser, pero no lo es. La informalidad ha gangrenado toda la esfera económica de mi país y es difícil hablar de una actividad económica en específico. Yo le diría el comercio, pero dentro de la informalidad de ese comercio. Exportamos algunas frutas, pero representa una proporción muy baja. Acuérdese que Haití tiene un balance económico bastante negativo en términos de importación y exportación.

Se lo pregunto porque Estados Unidos y Canadá desaconsejaron a sus habitantes viajar a la isla, pero incluso estos pronunciamientos han sido menores comparándolos con todo lo que dijeron de Venezuela, ¿es necesaria la injerencia extranjera en este tipo de situaciones?

Hay que definir qué es lo que uno entiende por injerencia extranjera. Desde mi punto de vista, la injerencia extranjera ha mantenido vivo a mi país en lo económico, sobre todo porque Haití es un país que las remesas que envía su diáspora representan un 36% del PIB general. Haití es un país diplomáticamente muy débil, entonces la injerencia política va a ser más visible. Incluso los políticos lo terminan normalizando. Cualquier cosa que pase, los políticos tienden a recurrir al embajador de Estados Unidos, de Francia o de Canadá. Un buen ejemplo de esto es que, cuando sucedió el terremoto de 2010, lo primero que hizo el presidente René Préval fue llamar al embajador de Francia. Desde que yo tengo edad de juicio, mi país siempre ha sido sometido a la injerencia extranjera.

En el caso de Chile, ¿cómo nota las manifestaciones políticas por el caso de Haití? Casi no se ha hablado de eso…

No podría aconsejar a los políticos o diplomáticos chilenos, pero considerando la inestabilidad sociopolítica actual de mí país y que todo, según presagia, va a perdurar por un tiempo más, sería importante que las autoridades chilenas consideraran esos dato en lo que respecta a su Programa de Retorno Humanitario. Es decir, tener un poco más de cuidado al tratar de enviar a esa gente allá, porque el país está pasando por una situación bastante complicada.

¿Está de acuerdo con ese nombre: Programa de Retorno Humanitario?

Si me hubiera tocado ponerle un nombre no le hubiera puesto así, porque no veo nada de humanitario. Aunque pareciera ser de forma voluntaria, no lo es si uno analiza las causas y los factores que explicarían esa decisión. Ponerle humanitario a eso es incluso una burla a la comunidad haitiana y a la inteligencia de cualquier ser humano. El retorno implica asistencia en nivel psicológico, económico y para la reinserción del inmigrante en su país natal, además de que los organismos internacionales obligan a que esa iniciativa sea tomada en el contexto de un país receptor. Por ejemplo, en el caso de España, o por iniciativas tomadas desde el país emisor, como en el caso de Perú y Colombia, que tienen programas para retorno de sus inmigrantes. En el caso de Haití no hubo ninguna de las dos realidades, partieron de una observación errónea y de una carga ideológica bastante pesada.

¿Cómo vive la comunidad haitiana en Chile la situación actual de su país? Se ha hablado de dificultades en el acceso al agua y a la electricidad. 

No puedo hablar por todos los haitianos que viven en Chile, pero las personas tienen dificultades para acceder a esos servicios. Yo creo que se debe más por el lockdown, el programa que hay en la sociedad ahora por el tema de las protestas, pero no se trata de un desabastecimiento, como que no hay agua o alimentos. Es una especie de huelga general en que los negocios no abren y la gente no puede tener acceso a los supermercados. Hay que tratar también de no usar lo que está pasando en Haití como un espejo para mirar lo que pasa en Venezuela, son dos realidades sociopolíticas, históricas y culturales bastante diferentes.

De acuerdo a lo que, según dijo, se trataría de una “primavera haitiana”. ¿Recuerda alguna lucha similar para acabar con la corrupción?

El foco de la lucha de ahora no es acabar con la corrupción solamente, la base es acabar con el sistema organizacional actual que tenemos, que lleva más de 215 años, y proponer algo nuevo para reestructurarlo en todas sus dimensiones. Ha habido revueltas en contra de algo puntual, por ejemplo en 2003, pero nunca antes en la historia de Haití ha habido una marcha o una rebeldía social con esa envergadura.

 

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