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Miles de argentinos exigen terminar con el financiamiento estatal de la Iglesia

 

Texto: United Press International - Argentina

Pese a que a fines del Siglo XIX se produjo la separación formal entre el Estado argentino y la Iglesia Católica, poderosos resabios persisten y se traducen en la millonaria mantención del culto con sede en Roma.

Por ello, y luego del importante papel que la Iglesia Católica jugó en el rechazo en el Congreso al proyecto sobre interrupción voluntaria del embarazo (aborto), decenas de miles de personas se han sumado a la campaña de pañuelos naranja, para terminar con estos resabios y dejar de pagar de sus bolsillos una religión que no las representa.

 

Julieta Arosteguy, de la Coalición Argentina por un Estado Laico (CAEL), señaló al diario Clarín que "la convocatoria supera todas las expectativas”, y añadió que “es una reacción política frente a la votación contra el aborto del 8 de agosto. La verdad, no tengo registro de que la gente haya repudiado antes la intromisión de la Iglesia en sus vidas".

Y la campaña incluye la apostasía, "un acto simbólico en el que estás diciendo 'Yo no quiero que la Iglesia hable en mi nombre'”, explicó a La Nación el abogado César Rosenstein, de CAEL, y que al respecto añadió que se trata de “un acto individual que uno puede re simbolizar y hacer un acto político cuando la Iglesia es la principal fuerza que se opone a la ampliación y reconocimiento de derechos. Nosotros queremos hacer un movimiento no partidario y hacerlo en conjunto".

“Lograr que el propio nombre deje de engrosar los registros de fieles bautizados que lleva la Iglesia católica argentina, es decir, volverse apóstata, se convirtió en un valor deseado al calor de la oposición militante de la Iglesia católica -y los cultos evangélicos que se le aliaron en el conglomerado -Unidad Provida- a que la interrupción voluntaria del embarazo se volviera ley, destacó por su parte el diario Página 12.

Y completó, “Formalizar el extrañamiento, borrarse formalmente de esos libros con los que, de algún modo, el Vaticano valida su voluntad de injerencia en la vida cotidiana de propios y ajenos, es parte del nuevo impulso que tomó el reclamo por el Estado laico en Argentina, y que viene de la mano del pedido de separación inclusive económica de las cuentas”.

“Es que esta institución oscurantista cuenta con los privilegios económicos y políticos que le otorga el propio Estado. Ese poder le permite intervenir en la vida política del conjunto de la sociedad”, señaló en tanto Izquierda Diario.

Y agregó que “La separación Iglesia-Estado significa, en primer lugar, derogar las leyes, varias de ellas provenientes de decretos impuestos por la última dictadura cívico-militar, que le otorgan a esta institución reaccionaria el privilegio de percibir –honorarios- por impartir las creencias más oprobiosas”.

“El sostenimiento de las escuelas confesionales son más de 18 mil millones de pesos (más de 600 millones de dólares). A eso hay que sumarle los sueldos por las capellanías en todas las fuerzas armadas y de seguridad, y en los hospitales públicos de la Ciudad de Buenos Aires; ahí tenemos cientos de capellanes cobrando sueldos de oficialidad. El obispo castrense, que este gobierno volvió a nombrar, cobra lo mismo que un ministro de la Nación”, resaltó Fernando Lozada, de la citada Coalición Argentina por el Estado Laico.

 

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