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Chile y sus Patrias: Las dos caras de una distinta moneda

Equipo editorial El Rodriguista…..

El litigio entre Chile y Bolivia que se desarrolla en el Tribunal de La Haya ha reavivado sentimientos anti-bolivianos en buena parte del pueblo chileno, y los sectores más pobres de la población no han estado ajenos a dicho discurso.

La reciente interpelación por parte de chilenos humildes en una feria de la ciudad de Curicó al diputado Raúl Alarcón, del Partido Humanista, por apoyar una negociación con Bolivia, es una muestra de ello.

En las redes sociales también han circulado opiniones incluso belicistas de personas vinculadas a opciones neo fascistas, que muchos replican sin ser necesariamente afines a esta ideología.

Y es tan poderoso el efecto mediático que hasta partidos políticos que tradicionalmente han bregado por la unidad latinoamericana y por la hermandad de los pueblos, como el Comunista, optan ahora por una postura de "unidad nacional", una supuesta postura de Estado que los lleva a alinearse con aquellos que integraron el pasado régimen militar.

 

Este discurso representa el rechazo tajante a cualquier negociación por una salida al mar, y no obstante las numerosas oportunidades en las cuales Chile, desde 1904 y a través incluso de sus más altos funcionarios, ha llegado a proponer o concordar una salida para Bolivia.

Lamentablemente, las masas populares chilenas se han hecho eco de posturas chovinistas que son nefastas para la necesaria hermandad de nuestros pueblos y las razones son variadas:

1.- La Nueva Mayoría, luego que Michelle Bachelet en su primer gobierno, abrió una agenda de 13 puntos con el gobierno de Evo Morales y que incluía el tema marítimo, dio vuelta atrás y aseguro que no existen posibilidades de acuerdo en esa materia.

2.- Los medios de comunicación, en especial El Mercurio y La Tercera, que marcan a diario la agenda noticiosa en el país, declararon como enemigo al gobierno de Bolivia, por declararse anti-imperialista e integrar la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), junto a naciones dignas como Venezuela, Cuba y Nicaragua.

3.-Toda la derecha sale con un falso discurso nacionalista para decir que no negociaran nada, incluso renegando del Abrazo de Charaña, donde el tirano Augusto Pinochet propuso en 1975 un acuerdo con el entonces tirano boliviano, general Hugo Banzer.

4.- El Partido Socialista y el Partido Comunista, respaldan la tesis tradicional de la derecha relativa a la UNIDAD NACIONAL en esta materia, traicionando el sueño bolivariano y sometiendo sus ya baratos principios a pequeños intereses electoralistas.

Pero estas posturas tienen un trasfondo mayor de carácter ideológico y político, y a nuestro juicio se corresponden con el interés del imperio norteamericano de que el proyecto revolucionario de Bolivia, asociado al ALBA, no tenga éxito.

El imperio y los oligarcas de Chile, han echado mano, nuevamente, en función de sus interés, a todo el dispositivo cultural histórico que denominan Patria o patriotismo, que sin duda desechan cuando el tema es la soberanía económica o soberanía frente a los imperios.

Lo que le molesta a la derecha, a los grupos económicos y a la fuerzas armadas, no es el tema de una posible negociación, es el carácter revolucionario del gobierno boliviano, su opción bolivariana y anti-imperialista.

Que el gobierno indígena logre una negociación para la salida al mar con soberanía, sueño político e histórico de toda Bolivia, significa que ese proyecto se instale por muchos años en el país hermano, dejando a la oligarquía boliviana sin opción a ser gobierno por decenios.

No hay que olvidar en esta época de discursos patrióticos que la derecha cambia de opinión ante el simple dictado del imperio y es tan así que la revista América Economía hace algunos años destacaba que un acuerdo permitiría el aumento de negocios importantes entre las partes, refiriéndose claro está, no a las posibilidades de fraternidad entre los pueblos, sino a los intereses de varios grupos económicos, entre ellos, el de los Luksic.

El tema de una salida al mar para Bolivia entonces, es sin duda ideológico y geopolítico, y en este encuadre el patriotismo, o mejor dicho el patrioterismo, resulta un factor relevante que se reflota interesadamente cada cierto tiempo y en función de la coyuntura empresarial.

Las clases dominantes y en particular la oligárquica, fundaron una concepción de Estado y de la “chilenidad” que sostiene que Chile es un país de los ricos, de una elite que se autodefine como blanca, y que resulta una complaciente aliada de los intereses anglosajones. Es esta lógica, por supuesto, no tienen cabida indígenas ni pobres, ya sea de dentro o de fuera del país.

“Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio“, dijo Eduardo Matte Pérez, bisabuelo de Eliodoro Matte Larraín, presidente del directorio de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC). Esas francas palabras se mantienen en la actualidad y los discursos patrioteros esgrimidos por sectores humildes y por partidos rastreros resultan funcionales a ellas.

Entonces, la oligarquía creó este concepto de Patria para dominar, y lo enseñó por décadas y décadas a los niños de todas las clases sociales, dominadoras y dominadas, para inculcar que los chilenos de bien somos superiores a los indígenas y pobres, por tanto muy superiores a nuestros vecinos, especialmente de Perú y Bolivia, a los mapuches y a los sectores empobrecidos. A todos ellos, como pensamiento del Siglo XX, hay que civilizar.

La idea de Patria que nos enseñan sin darnos cuenta está construida sobre la base de nuestra supuesta superioridad con los vecinos de la región y nuestra también supuesta similitud con las llamadas sociedades desarrolladas, anglosajonas. Por eso se han generado discursos que nos definen como “los ingleses de América”, los suizos de la región, o versiones posmodernas pero no menos pedantes vinculadas al desarrollo capitalista de nosotros “los jaguares”, en burda imitación a Corea del Sur.

Las versiones más extremas desarrollaron incluso la idea de la raza chilena, una raza superior en el continente, por la fusión de dos pueblos guerreros, como el castellano y el mapuche, curiosamente este último, es el mismo pueblo al que las oligarquías desprecian y califican como flojo o curao.

Por ello, para mejorar la raza que según la oligarquía se veía desmejorada en determinados lugares de país, se abrió paso a los colonos en el sur, obviamente se fueron a buscar a Europa, alemanes, italianos, croatas, etc.

Y por muchos años las fuerzas armadas chilenas y carabineros enviaban a sus oficiales más anglosajones a cumplir tareas en el norte chileno para marcar diferencias con los "indios" del Perú o de Bolivia.

Paradojalmente, en las guerras en las cuales Chile ha participado, contra Perú, Bolivia o contra el pueblo Mapuche, la oficialidad pertenece a las clases altas pero los soldados, aquellos que mueren, son del "populacho", bautizado patrióticamente como  el "roto chileno". Es el bajo pueblo al servicio de sus amos en un complejo entramado de dominación ideológica y política.

Pero también aparece de cuando en cuando la historia construida por parte de nuestro pueblo, de aquellos que resisten, de los que quieren una verdadera independencia, de los que creyeron realmente en el sueño bolivariano, de una América latina sin injerencia de los imperios.

Surge como una brisa fresca la historia que recogió el legado de unidad contra el imperio español, aquella que se acuerda que el ejército libertador de Chile estuvo compuesto por latinoamericanos, entre ellos batallones de negros, la historia que no olvida a O’Higgins bregando en su exilio por la unidad con Perú y Bolivia.

La Patria también tiene sentido para los dominados, pero es una patria muy distinta a la oligarca, es la patria de Neruda, de Gabriela y de Violeta. Es la patria de Carlos Prat y de Salvador Allende. Esa patria no se incomoda por negociar con Bolivia, lo ve incluso como una necesidad. Esta idea de Patria está intrínsecamente asociada a la hermandad de nuestros pueblos, a aquella América unida que soñó Bolívar.

Para asegurar la libertad y el bienestar de nuestros pueblos, es necesaria la unidad y la hermandad. El chovinismo nacionalista, la cita ignorante del discurso patriotero de los soldados muertos no es sino la repetición del cuento creado por la oligarquía, para dividir y enfrentar a los pueblos, a esos pueblos que, hermanos, verían con facilidad dónde está su verdadero enemigo.

 

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